Dado la “preturbulencia” del ambiente “preelectoral”, me dice un amigo siempre atento a lo que pasa en el país y en el mundo: —El principal problema de los candidatos es que no parecen entender que lo que la gente quiere no es que prometan, sino que se comprometan, porque las promesas se las lleva el viento y los compromisos son verificables. Quizás ese amigo tenga razón. Si hubiera reales compromisos –como los que de veras parece querer ahora más que nunca la ciudadanía—, éstos tendrían que ser calendarizables para ser verificables. Que el candidato diga qué va a hacer, cuándo lo va a hacer, cómo lo va a hacer y con qué lo va a hacer. Es decir, que cada compromiso asumido sea una cadena de compromisos. Pues de no ser así, se caería en lo de siempre: blablá previo para improvisar después al gusto. Y esto es justamente lo que ya no sólo es insostenible sino impresentable. De seguro tiene razón ese amigo.
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