David Hernández *
1. Situación de la mujer en El Salvador
Consideradas las que empujan la economía, la política y la sociedad salvadoreña, las mujeres están, sin embargo, relegadas a un plano secundario, sumidas en una sociedad machista y misógina donde el hombre monopoliza todas las esferas de poder y económicas del país. Su rol es de primera importancia en la vida de la nación, sobre todo en esta etapa histórica en la cual una buena parte de la población salvadoreña ha emigrado a los Estados Unidos debido a que los cuatro desgobiernos del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) han sido incapaces de crear perspectivas de trabajo y vida digna a los salvadoreños en su propio país.
La desesperada emigración hacia cualquier parte que no sea El Salvador de sus ciudadanos mayores de 15 años se centra sobre todo en la población masculina, tanto en el campo como en la ciudad, lo cual es un drama familiar, pues implica la separación geográfica, a veces por varios años, del emigrante que se ve obligado a buscar en los Estados Unidos y otros países el sustento de su familia que no puede ganar honradamente con el sudor de su frente en su propio terruño.
Las mujeres, dentro de esta tragedia contemporánea son fundamentalmente las que se quedan sosteniendo el núcleo familiar, y deberían por lo tanto asumir una función más activa dentro de la sociedad.
La causa de esta tragedia social, que ha desperdigado por el mundo a casi una tercera parte de la población salvadoreña, tiene nombre y apellido, no nos equivoquemos, es ARENA, que ha mal manejado los destinos del país por varios lustros, sumida en una interminable ola de corrupción, amiguismo, compadrazgo y politiquería de cotarro populista. Y ello debido a que tenemos y hemos tenido una izquierda díscola, unos líderes miopes como el finado Schafick Hándal (QDDG), izquierda que hasta el momento ha sido incapaz de aprovechar los espacios democráticos abiertos por los Acuerdos de Paz de 1992 para reinventar el país.
Que tengan la suerte coyuntural de contar en la izquierda con sus mejores aliados debido a la incapacidad, maniobrerismo, ignorancia y oportunismo de Merinos, Medardos, Cerens, Arias no es ningún cheque en blanco para el triunfalismo arenero. Al Presidente Elías Antonio Saca y a toda la demagogia arenera se les está acabando el “truquito” que son gobierno eficaz, pues la crisis galopante a todos los niveles es tan asfixiante, que la olla de presión va a llegar a su límite. No lo duden que entonces no será suficiente la válvula de escape que representan las remesas y la “exportación” de “esclavos modernos” al imperio del Norte.
La mujer salvadoreña, ante está disyuntiva, se ha convertido en uno de los ejes fundamentales de la sociedad. Si se lograra superar el drama de la emigración - y para ello los poderosos de El Salvador tendrían que “humanizarse” (algo imposible) invirtiendo en fuentes de trabajo en el país y mejorando las condiciones de vida de las clases desposeídas al realizar una distribución más equitativa de riquezas y bienes nacionales (otro imposible) -, no recaería, como ahora sucede, el peso de la carga familiar en la humilde mujer salvadoreña que se queda con sus hijos esperando las remesas familiares que el emigrante envía desde EE.UU.
En lugar de propagar a bombo y platillo la prolongación de un TPS, los actuales gobernantes deberían de tener vergüenza de ser incapaces de dar una vida decorosa a sus ciudadanos en la tierra que los vio nacer. Nadie se va por su propia voluntad de su país.
No es fácil la situación de la mujer salvadoreña, oprimida políticamente por un gobierno incapaz de mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías pero también oprimida socialmente por las estructuras misóginas de nuestra sociedad. En este sentido, un documento de “Las Dignas”, movimiento pro reivindicación de los derechos de las mujeres salvadoreñas, intitulado “Ni Estado ni hombre macho. No a la violencia social contra las mujeres”, es más que atinado en las actuales condiciones históricas de nuestro país, donde la mujer se ha quedado, prácticamente, cuidando la casa.
2. Día internacional de la mujer trabajadora
El 8 de marzo fue declarado Día Internacional de la Mujer en 1977 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que designó al color lila para representar los esfuerzos de las mujeres que han muerto peleando por sus derechos. Esta conmemoración se originó en Nueva York, cuando el 8 de marzo de 1908 un grupo de costureras industriales se declararon en huelga para protestar por sus condiciones laborales, pidiendo un aumento de salarios, reducción de la jornada laboral de 12 horas diarias y el fin del trabajo infantil.
Durante esta huelga pacífica 129 mujeres murieron quemadas en un incendio provocado por los dueños de la fábrica “Cotton Textile Factory”. En 1909 se celebró por primera vez en los Estados Unidos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora respondiendo a una declaración del entonces “Socialistic Party of America”, día que fue reafirmado en 1910, durante el “Congreso Internacional de Mujeres Socialistas” en Dinamarca. Eran los tiempos de las batallas por el derecho al sufragio de la mujer y contra la discriminación laboral femenina.
Hacia esos días fue cuando esta fecha se globalizó, pues en el 8 de marzo de 1911, en respuesta al decreto de las feministas danesas, varios millones de hombres y mujeres desfilaron por las principales capitales del Viejo Continente y por varias ciudades estadounidenses demandando la igualdad de los derechos de la mujer.
Es indudable que la ola feminista que actualmente sigue in crescendo, arranca a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres asumieron responsabilidades y obligaciones que hasta entonces eran coto vedado de los hombres, debido a que éstos habían marchado a la guerra. Muchos retornaron como inválidos, ineptos para devengar un salario laboral, por lo cual las mujeres trabajadoras tuvieron una independencia económica que fue determinante para plantearse sus derechos como mujeres en la sociedad.
Grandes figuras como Simone de Beauvoir, compañera de Jean-Paul Sartre y autora de “El otro sexo”, contribuyeron a darle una articulación teórica al movimiento de liberación de la mujer en la década de los sesenta, que también lanzó a la palestra de discusión la lucha por los derechos de las lesbianas, gays, transexuales, andróginos, bisexuales, polisexuales, travestis y otros colectivos sexuales. Un hecho trascendental va a cambiar radicalmente, sobre todo en el mundo desarrollado, el rol de la mujer en la sociedad, el invento de “la píldora”. Al practicar el sexo sin riesgo de embarazo, la mujer suelta las ataduras de esta sociedad patriarcal y puede planificar su vida, sobre todo si es formándose profesionalmente, lo cual requiere varios años de vida adulta en la Universidad, institución hasta el siglo XIX reservada a los hombres.
Al no depender económicamente del hombre, la mujer asume posiciones de poder, aunque su rol todavía es irrelevante en la política internacional. Bastaría contar el porcentaje de mujeres en cualquier gabinete de Gobierno del mundo, para darnos cuenta que la relación hombre-mujer aún está lejos de llegar a una paridad, teniendo en cuenta que, según las estadísticas mundiales, un 52% de los casi 8,000 millones de humanos que actualmente pueblan el planeta Tierra, son mujeres.
En el mundo moderno aún persisten gobiernos y sociedades misóginos, sobre todo en los países árabes y musulmanes, donde ser mujer es sinónimo de inferioridad, en muchas de estas sociedades se continua practicando la ablación o extirpación del clítoris a las recién nacidas; en la República Popular de China, a veces se llega al extremo de asesinar a las recién nacidas si son niñas, debido a la política de un hijo por familia.
En Latinoamérica hay una tendencia misógina patente en toda la sociedad, baste para ello el doloroso ejemplo de los cientos de mujeres secuestradas, torturadas, violadas y asesinadas durante los últimos lustros en Ciudad Juárez y otras zonas de la frontera México-EU. El alcoholismo masculino que origina el maltrato de la pareja, así como el desempleo femenino son otros de los grandes estragos machistas que azotan el subcontinente. Pero también en Latinoamérica han existido grandes figuras en la política y las artes como la argentina Eva Perón, la mexicana Frida Kalho, la guatemalteca Rigoberta Menchú, la chilena Gabriela Mistral, la nicaragüense Violeta viuda de Chamorro o la socialista chilena Michelle Bachelet, quien tomó posesión como Presidenta de Chile el pasado 11 de septiembre.
La mujer, la mitad del cielo. Aunque unos días más tarde, felicidades en su día.
David Hernández, PhD por la Universidad de Berlín, Alemania, donde reside.
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